El mar Balear está bien. Por eso hay más que hacer.

La Fundación Marilles nació en 2017 con una misión clara: contribuir a la conservación del mar Balear y sus costas, demostrando que la protección de los ecosistemas marinos puede y debe ir de la mano de la prosperidad económica. Desde entonces, trabaja en alianza con otras fundaciones, administraciones públicas y donantes privados para impulsar un cambio profundo y duradero en la relación de la sociedad con el mar. 

Con motivo de su encuentro anual en Finca Es Cabàs, conversamos con Aniol Esteban, fundador de la Fundación, biólogo marino y economista ambiental, sobre el origen de la entidad, sus prioridades estratégicas y su visión de futuro para el mar Balear y el Mediterráneo. 

El equipo de la Fundación Marilles en su último encuentro anual en Finca Es Cabàs

Un origen ligado a la oportunidad y a la responsabilidad

El punto de partida de la Fundación Marilles fue una constatación tan esperanzadora como exigente: el mar Balear se encuentra, en términos relativos, en un buen estado de conservación. Un contexto excepcional que, lejos de invitar a la complacencia, implicaba una responsabilidad colectiva.

Baleares concentra más de la mitad de la posidonia oceánica en España; en sus aguas habitan más de 400 especies de peces; cuenta con poblaciones residentes de cachalotes y delfines mulares; recibe cada año al atún rojo en su ciclo reproductivo y alberga algunas de las bahías poco profundas mejor conservadas del Mediterráneo, especialmente en Menorca.

Este conjunto de activos naturales creó, según explica Aniol, «un contexto muy favorable para empezar a trabajar con una visión ambiciosa: transformar las Islas Baleares en un referente mundial de conservación marina». Una visión que parte de una premisa clave: la conservación del mar no puede recaer únicamente en el ámbito ecologista, sino que debe implicar al conjunto de la sociedad, desde el sector turístico y pesquero hasta el náutico y empresarial.

La decisión de construir la fundación se consolida en 2015, cuando la Fundación Adessium identifica la oportunidad de impulsar la conservación marina en Baleares y propone apoyar económicamente un proyecto sólido y arraigado al territorio. Tras un exhaustivo estudio sobre el estado del mar, las presiones existentes y el contexto político y social, el informe presentado en 2016 fue claro: existían las condiciones idóneas para crear una fundación dedicada específicamente al mar Balear.

Desde el inicio, Marilles se concibió como una fundación soberana y de abajo hacia arriba, basada en la escucha activa de la comunidad y en la traducción de ese diálogo en acciones concretas. El apoyo financiero, estable y desinteresado de la Fundación Adessium fue clave para dotar al proyecto de credibilidad, estabilidad y capacidad de crecimiento, en un contexto en el que la inversión en conservación marina en España sigue siendo claramente insuficiente.

Prioridades claras en un contexto de recursos limitados

En un escenario de recursos limitados, Marilles tiene bien definidas sus prioridades. La principal, y la más eficaz desde el punto de vista científico, es la creación de espacios marinos protegidos, especialmente los santuarios marinos, es decir, zonas cerradas a la pesca.

«Cerrar zonas de pesca no es dejar de pescar, sino garantizar que podamos seguir pescando más y mejor en el futuro.»

La creación de una red sólida de espacios marinos protegidos ocupa aproximadamente la mitad del trabajo de la fundación.

La segunda gran prioridad es avanzar hacia una pesca sostenible y próspera, integrando a todos los actores del sector, desde pescadores profesionales hasta recreativos, y fomentando su implicación activa. La pesca, recuerda Aniol, es el impacto directo más relevante sobre el mar y, al mismo tiempo, uno de los más controlables.

El tercer eje estratégico es la conservación de hábitats y especies vulnerables. Aunque el mar Balear mantiene un buen estado general, ha sufrido una pérdida significativa de biodiversidad en las últimas décadas. Por ello, Marilles centra sus esfuerzos en tres ámbitos concretos: la conservación de tiburones y rayas, la protección de corales y gorgonias, y la preservación de bahías y aguas poco profundas.

El cuarto objetivo estratégico es la calidad de las aguas, un factor transversal y determinante para la salud de los ecosistemas marinos.

Ambición, realismo y tiempos largos

La ambición de Marilles es elevada. El objetivo a largo plazo es que al menos un 10 % del mar Balear esté cerrado a la pesca. Hoy, esa cifra alcanza el 0,07 %. No obstante, la fundación no ha renunciado a su meta.

Lo que sí ha cambiado es la percepción del ritmo necesario para alcanzarla. «Hemos entendido que el proceso será más lento de lo que nos gustaría», reconoce Aniol. La construcción de relaciones de confianza, especialmente con sectores que históricamente han mostrado recelos hacia el tercer sector, requiere tiempo y constancia.

Aun así, Marilles mantiene una posición firme: nunca ocultar la evidencia científica. La base de su trabajo son los datos y los hechos, combinados con un relato esperanzador y constructivo. «Nuestro enfoque es un 80 % propuesta y solución, y un 20 % denuncia», resume Aniol.

En ese sentido, la fundación actúa como un agente articulador, una «especie estructural» que contribuye a alinear esfuerzos dispersos en torno a un objetivo común: la conservación del mar Balear.

Más conciencia, pero aún falta acción

Ocho años después de su creación, la percepción social sobre la conservación marina ha cambiado. Existe un mayor interés público y privado, impulsado por parte de los objetivos globales fijados para 2030 y asumidos por más de 190 países.

Sin embargo, Aniol Esteban advierte de una brecha persistente entre el discurso y la acción. «A menudo las iniciativas no van a la raíz del problema, sino que se quedan en soluciones superficiales». Uno de los roles clave de Marilles es precisamente hacer pedagogía y orientar los esfuerzos hacia medidas realmente eficaces.

Un ejemplo recurrente es la replantación de posidonia. Aunque bien intencionada, la investigación demuestra que proteger las praderas existentes es mucho más efectivo y rentable que intentar restaurarlas artificialmente. En este contexto, la ciencia se convierte en una brújula imprescindible para priorizar correctamente.

Baleares como motor, el Mediterráneo como horizonte

Aunque los ecosistemas marinos no entienden de fronteras, el foco fundacional de Marilles sigue siendo Baleares. El objetivo de convertir el archipiélago en un referente mundial de conservación marina permanece intacto.

Al mismo tiempo, la fundación se muestra abierta a colaborar en proyectos a escala mediterránea y en la costa peninsular, siempre que estas alianzas refuercen su misión principal. «Sería muy positivo que el nivel de actividad y coordinación que existe hoy en Baleares se replicara en otros puntos del Mediterráneo español», apunta Aniol.

Finca Es Cabàs: un espacio alineado con los valores

Desde hace varios años, el equipo de Marilles elige Finca Es Cabàs como lugar de encuentro y trabajo. La decisión responde tanto a necesidades prácticas como a afinidades profundas.

La tranquilidad, la posibilidad de disponer de un espacio exclusivo y la creación de un entorno propicio para fortalecer las relaciones humanas fueron requisitos clave desde el inicio. A ello se suman unas instalaciones cuidadas y una filosofía basada en el contacto con las raíces de la isla y el producto local.

«Es un pequeño oasis que nos permite desconectar del ruido cotidiano y en el que nos sentimos muy bien cuidados», explica Aniol Esteban. El hecho de compartir valores y objetivos con la propiedad añade, en sus palabras, «un plus» a una relación que se ha consolidado a lo largo de los últimos cuatro años.

Mirar al futuro

Si pudiera pedir una sola cosa a quienes toman decisiones en Baleares, Aniol Esteban lo tiene claro: actuar por valentía y basarse en la evidencia científica para proteger un patrimonio natural que es, a la vez, un legado y una oportunidad.

La experiencia de la Fundación Marilles demuestra que conservar el mar no es solo una cuestión ambiental, sino un proyecto colectivo que requiere tiempo, diálogo y compromiso. Un camino que, paso a paso, ya está en marcha.

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